Una paz para el recuerdo

Diario La Rioja 21 de Junio de 2010

Una paz para el recuerdo
Alrededor de 50.000 personas han pasado este fin de semana por las Jornadas
Medievales de Briones
C. VALDERRAMA

Las calles y las casas de Briones siempre invitan a sumergirse en ellas y merecen una visita. Pero la visita es casi obligada cuando llegan las Jornadas Medievales.
Sus rincones, su asfalto de piedra y sus recién restauradas murallas dan pie a recrear el ritmo de vida del siglo XIV. Y la sensación de viajar en el tiempo se logra gracias a la Asociación Briones Medieval y a las cerca de 700 personas que salen a la calle ataviadas con casacas, trajes y vestidos de cortesanos y nobles.
El trabajo de la asociación se ve recompensado año tras año por la afluencia de gente que visita en este fin de semana la localidad. Según la organización, las cifras han alcanzado los cerca de 50.000 visitantes.
Ayer domingo, el público comenzó a llegar a primera hora de la mañana con la apertura de los portales. Los conductores buscaban cualquier espacio de la localidad para poder estacionar el vehículo durante unas horas, una tarea que ayer se convertía en complicada.

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Y ya en el centro de Briones, las calles se llenaban de público en cada una de las arterias en las que se desarrollan estas jornadas. Gente y más gente que acude para disfrutar de la infinidad de actividades.
Así, los más pequeños vencían el miedo para probar suerte como caballeros y los más intrépidos sorteaban con habilidad las pruebas de la baqueta.
También los pequeños disfrutaban viendo volar a los búhos, buitres, águilas y acariciando a dos bonitos puercoespines. En las cercas, el espectáculo de cetrería llamaba la atención de niños y mayores.
Desde allí, el paseo seguía por las murallas y por cada uno de los arcos se llegaba a una calle donde aguardaban abiertos los portales. El adobero preparaba sus ladrillos con adobe y paja. Despacio y con maña los iba juntando para conseguir un bloque firme. Ésta es la primera vez que el adobero mostraba su labor y también era la primera vez para el espartero, que trabajaba el esparto.
Inquisición y bodas
Mientras cada artesano regresaba a su actividad, la plaza de España era un continuo hervidero de actividades. Dentro, en la iglesia, los creyentes asistían a una misa de las de entonces, cantada en latín y a la que precedió un concierto de órgano.
Pero el ambiente desprendía olor a fiesta, porque fuera se estaba preparando una boda. El grupo de teatro francés invitado este año recreó una ceremonia de enlace al igual que las que se celebraban en el sur de la Francia del siglo XIV. Aquí, los novios variaban y dos atrevidos espontáneos del público decidieron desposarse ante la mirada atenta del gentío.
Después de la boda, un grupo de caballeros emprendió una batalla tan real que hasta tres de los soldados resultaron heridos con lesiones y brechas.
El realismo es una de las características de este grupo que también repitió el Auto de Fe de la Inquisición por la tarde. El inculpado fue arrastrado entre la multitud para ser juzgado y castigado.
En el día a día del siglo XIV, la gente también moría y nacía. Una indeseada invitada merodeaba por cada rincón de la calle. La Muerte paseaba tranquila tentando a un público que huía rápidamente de ella. Pero el Conde Martín Lafita no pudo escapar y le pilló luchando en un combate entre caballeros.
El pueblo le despidió en su funeral y después asistieron a la investidura de un nuevo caballero.
Porque la vida continúa también en el XIV. En un siglo que vio cómo se firmaba en la localidad la Paz de Briones. Los vecinos volvieron a presenciar la firma del tratado para clausurar las jornadas y regresar de nuevo al siglo XXI hasta el año que viene.